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martes, 13 de junio de 2017

Desde mi ventana


  © Guillermo Asián.



Pablo Neruda. 20 poemas de amor y una canción desesperada.
Poema 10



Hemos perdido aun este crepúsculo. 
Nadie nos vio esta tarde con las manos unidas 
mientras la noche azul caía sobre el mundo. 

He visto desde mi ventana 
la fiesta del poniente en los cerros lejanos. 

A veces como una moneda 
se encendía un pedazo de sol entre mis manos. 

Yo te recordaba con el alma apretada 
de esa tristeza que tú me conoces. 

Entonces, dónde estabas? 
Entre qué gentes? 
Diciendo qué palabras? 
Por qué se me vendrá todo el amor de golpe 
cuando me siento triste, y te siento lejana? 

Cayó el libro que siempre se toma en el crepúsculo, 
y como un perro herido rodó a mis pies mi capa. 

Siempre, siempre te alejas en las tardes 
hacia donde el crepúsculo corre borrando estatuas.

domingo, 10 de abril de 2016

Pobres y ricos...

   "De la pobreza y la riqueza ..."
   © Guillermo Asián.
   Crosby, Stills, Nash & Young 4 + 20
   http://www.youtube.com/watch?v=MPVtZ5rRu_4

La desigualdad humana sigue creciendo: los ricos se hacen cada vez más ricos, mientras millones de personas continúan atrapadas en la pobreza. Las 85 personas más ricas del mundo concentran la misma riqueza que el 50% de la población más pobre.
Hace más de tres años el magnate multimillonario Warren Buffett admitía que durante los últimos veinte años se venía librando a escala mundial una guerra de clases que la suya “había ganado. En opinión de la periodista Allison Jackson en ‘The Global Post’ la realidad descrita por el magnate funciona hasta hoy, ya que “la brecha entre los más ricos y los más pobres se ha hecho aún más amplia”.
Para corroborarlo, la periodista cita los datos de Oxfam, que calcula que los 85 multimillonarios más ricos del planeta, entre ellos nombres conocidos como los de Carlos Slim, Bill Gates y Mark Zuckerberg, disponen de tanto dinero como las 3.500 millones de personas más pobres.
“Lo dramático en esta situación es que los muy ricos simplemente se hacen cada vez más ricos, lo que requiere necesariamente y de manera urgente abordar la desigualdad de ingresos”, señala Jackson.
Según las estimaciones de Oxfam, entre marzo de 2013 y marzo de 2014, la riqueza de esos mismos 85 multimillonarios creció diariamente 668 millones de dólares. “Estas personas son tan grotescamente ricas que si, por ejemplo, Bill Gates decidiera gastarse un millón de dólares al día, tardaría 218 años para agotar sus fondos”, escribe Jackson.
“Se ha hablado mucho de la creciente brecha entre los más ricos y los más pobres y sobre lo que significa para las perspectivas económicas mundiales esta situación y, sin embargo, la desigualdad extrema persiste”, constata la periodista.

sábado, 13 de febrero de 2016

Jeanloup Sieff

Tras haber tenido como regalo de cumpleaños una cámara de plástico Photax polaca, su afición a la fotografía le hizo empezar como fotógrafo "amateur" a los quince años, elevando poco a poco su calidad fotográfica para debutar como reportero gráfico en 1954.

    Fotos © Jeanloup Sieff

"El arte de la fotografía se basa más en la emoción que en el conocimiento" afirmaba un joven fotógrafo francés que con sólo veinte años revolucionó el mundo de la fotografía de desnudo en Europa. Este joven, Jeanloup Sieff, para quien este arte no pasaba por la experiencia bressoniana de plasmar los instantes fugaces de la vida o ser el documento imperecedero de su referente, él sólo quiere representar la materialización de determinadas emociones en algunos momentos particulares: "...existen emociones puramente formales, forjadas de luces o volúmenes; otras emotivas o sensuales, suscitadas por algunas personas y otras, en fin, puramente intelectuales. La fotografía puede expresarlas y representarlas a todas, para después crear con ellas otras emociones absolutamente nuevas".
Nacido en el seno de la cultura europea de vanguardia y con orígenes polacos, realizó estudios de literatura, periodismo y finalmente de fotografía en la escuela Vaugirard de París y la de Vevey de Suiza. Comenzó como fotógrafo independiente, hasta que en 1955 fue contratado por la revista “Elle” en calidad de reportero y posteriormente como fotógrafo de moda. Tres años más tarde se despide de la publicación francesa y entrar en la prestigiosa agencia Magnum donde realiza importantes trabajos en Grecia, Turquía y Polonia. Pero su espíritu independiente le lleva a abandonar esta firma y a trasladarse a Nueva York, ciudad en la que colabora con publicaciones como ”Glamour” o “Harpeer’s Bazaar”, todo esto sin interrumpir sus trabajos europeos para “Vogue” o “Queen”. En 1961 es galardonado con el Premio Niépce y cinco años más tarde regresa definitivamente a París, donde continúa colaborando en revistas de moda fundamentalmente.






La obra de Sieff se caracteriza por el triunfo absoluto de la belleza. Si para algunos la fotografía es simplemente un instrumento funcional para articular una significación, una reflexión sobre el mundo, y el contenido está por encima de la forma, el francés rechazó el modelo del operador siempre errante por el mundo, siempre dentro de los sucesos de la historia, siempre en busca de imágenes sensacionales, para él una imagen está condenada a ser bella para ser eficaz, independientemente del tema retratado, la forma se hace el elemento fundamental de su trabajo, esa forma a la que él considera “perfecta y fin en sí misma”: la belleza, en la más amplia acepción del término, es subversiva y tiene el poder de conmover a quien la observa mucho más de lo que suele creerse: un tópico muy extendido pretende que una mujer bella ha de ser necesariamente tonta. En realidad, los imbéciles hacen bien en desconfiar de la belleza, porque ésta les provoca y les niega al mismo tiempo. Los conceptos de belleza y emoción se abrazan en la obra de Sieff; su confluencia sutil genera una imagen que tiene algo de milagroso, y si una buena toma escapa a cualquier definición es porque en ella la emoción suscitada va más allá del objeto que representa, y porque su belleza genera un significado mucho más rico de lo que parece sugerir; es de este modo como las tomas de Sieff emanan una leve música, haciendo posible el milagro de la metáfora táctil.
El exceso de cognición mata las emociones y el análisis en extremo desvirtúa la belleza. El retrato, por ejemplo, supone representar un rostro, esa parte del cuerpo más expuesta que puede convertirse en una máscara hipócrita a la que hacer expresar los sentimientos que el autor quiere y la belleza que no existe. Ésta fue la razón que le llevó a interesarse por las nalgas de las personas "...la parte más protegida, más secreta, la que conserva intacta una especie de inocencia infantil que la mirada o las manos han perdido desde hace tiempo. Desde el punto de vista plástico, es además la parte del cuerpo más conmovedora (...) es la única que se vuelve atrás, hacia el pasado, mientras que nuestra persona avanza inexorablemente hacia delante".
Uno de los procedimientos que utiliza en sus fotografías de desnudos es el uso del gran angular que pierde a sus sujetos en un gran universo ora sensual, ora onírico pero siempre emotivo, que lo distancia del espectador aunque el modelo dirija su mirada hacia él.
Estas consideraciones pueden extrapolarse del ámbito de la fotografía de moda a la de paisajes, donde también se demostró como un gran maestro y donde el núcleo central de atención está constituido por la textura del terreno, la trama diseñada por los surcos o las dunas de arena, por la perspectiva que esboza la fuga de los árboles o la iluminación potenciada por un ejemplar uso del blanco y negro. Ajenas al análisis, envueltas en un halo de sentimiento y belleza, las imágenes de Sieff permanecen inalterables al devenir temporal, como colocadas en una dimensión metafísica sin tiempo ni historia.











 Todas las fotos: © Jeanloup Sieff.  www.microbiografias.com 

lunes, 18 de enero de 2016

El día que viene...


    © Guillermo Asián


Una mujer desnuda y en lo oscuro 

tiene una claridad que nos alumbra 
de modo que si ocurre un desconsuelo 
un apagón o una noche sin luna 
es conveniente y hasta imprescindible 
tener a mano una mujer desnuda. 

Una mujer desnuda y en lo oscuro 
genera un resplandor que da confianza 
entonces dominguea el almanaque 
vibran en su rincón las telarañas 
y los ojos felices y felinos 
miran y de mirar nunca se cansan. 

Una mujer desnuda y en lo oscuro 
es una vocación para las manos 
para los labios es casi un destino 
y para el corazón un despilfarro 
una mujer desnuda es un enigma 
y siempre es una fiesta descifrarlo. 

Una mujer desnuda y en lo oscuro 
genera una luz propia y nos enciende 
el cielo raso se convierte en cielo 
y es una gloria no ser inocente 
una mujer querida o vislumbrada 
desbarata por una vez la muerte.

Mario Benedetti

domingo, 22 de noviembre de 2015

Referentes. Cecil Beaton

Debo agradecer a grandes maestros de la fotografía, como Cecil Beaton,  que alimentaran mi fascinación por la iluminación con luz continua y el sabor del claroscuro. Beaton, que además de un gran fotógrafo era un dandi auténtico, nos muestra con su trabajo que es posible sublimar el diseño de decorados y el vestuario, para hacer con todo ello "Arte", en el más amplio sentido de la palabra.

      © Cecil Beaton

       © Cecil Beaton.

     © Cecil Beaton.

La escultura y la pintura influyeron en su estilo, contribuyendo en la construcción de un lenguaje cargado de glamour y un cierto sentido dramático. Siempre envidié su intuición para adivinar el futuro de las tendencias, que le situaron en la vanguardia durante más de 50 años de profesión. Fotógrafos relevantes como Mario Testino o David Bailey se han inspirado en su obra en muchas ocasiones.



     © Cecil Beaton.

El maestro fusionó en fotografía su admiración por la pintura y la escultura.  En algunas imágenes que captó de Marlene Dietrich, las pinceladas se hacen patentes al recordar las delgadas figuras que recreaba Durero.  En 1928 fotografió a Edith Sitwell, que aparece en la imagen tendida en un suelo que revela una textura pétrea, similar a la de un mausoleo de estilo gótico. Ya en los años 60, Mick Jagger rememoró en una de sus fotografías la figura de un hombre que sufre, al estilo de los pintados por artistas italianos de la pintura del Quattrocento. Mucho antes, en 1937, fotografió a Salvador Dalí detrás de su composición Pareja con cabeza llena de nubes, y  en 1947 fotografió el perfil del todavía jovencísimo Marlon Brando, que estudiaba el texto de Un tranvía llamado deseo.
Beaton provenía de una familia burguesa, y en parte ello le ayudó en su camino hacia los círculos de la élite más sofisticada de Inglaterra y de todo el mundo.
Quizás tener como compañeros de estudio a  Cyril Connolly y George Orwell le  influyera de alguna manera, aunque abandonó la Universidad sin acabar la carrera de Arquitectura.
Desde 1927, año en el que comienza a trabajar en Vogue, y hasta bien entrados los años sesenta, no hubo celebridad que escapara a la curiosidad de su objetivo.
Sigue siendo un referente importante para mí al que en ocasiones intento imitar, obviamente con la mentalidad y las formas de un agradecido estudiante.

      © Guillermo Asián.


sábado, 7 de marzo de 2015

En cualquier lugar

    Foto © Guillermo Asián

Fui hasta el final del pasillo, hasta el rellano de la escalera de incendios, y allí lo solté todo, llorando e incapaz de contenerme porque Dios era un asesino sin escrúpulos, un animal despreciable, es lo que era por haberle hecho aquello a aquella mujer. Baja de los cielos, Señor, baja y te reventaré la cara contra el área municipal de Los Angeles, cínico sin perdón. De no ser por ti, esta mujer no sufriría tamaña deformidad, ni el mundo tampoco, y de no ser por ti habría podido joderme a Camila López en la playa. ¡Pero no! Te gusta gastar bromas; mira lo que le has hecho a esta mujer, y al amor de Arturo Bandini por Camila López. En aquel punto, mi tragedia me pareció más negra que la de la mujer y me olvidé de ella.

John Fante.

jueves, 26 de febrero de 2015

Ya no vivo aquí.

         © Guillermo Asián


         Cuando los famas salen de viaje, sus costumbres al pernoctar en una ciudad son
         las siguientes: Un fama va al hotel y averigua cautelosamente los precios, la   
         calidad de las sábanas y el color de las alfombras. El segundo se traslada a la
         comisaría y labra un acta declarando los muebles e inmuebles de los tres, así como
         el inventario del contenido de sus valijas. El tercer fama va al hospital y copia las
         listas de los médicos de guardia y sus especialidades.
    
Terminadas estas diligencias, los viajeros se reúnen en la plaza mayor de
la ciudad, se comunican sus observaciones, y entran en el café a beber un aperitivo. Pero antes se toman de las manos y danzan en ronda. Esta danza recibe el nombre de "Alegría de los famas".

Cuando los cronopios van de viaje, encuentran los hoteles llenos, los trenes ya se han marchado, llueve a gritos, y los taxis no quieren llevarlos o les cobran precios altísimos. Los cronopios no se desaniman porque creen firmemente que estas cosas les ocurren a todos, y a la hora de dormir se dicen unos a otros: "La hermosa ciudad, la hermosísima ciudad". Y sueñan toda la noche que en la ciudad hay grandes fiestas y que ellos están invitados. Al otro día se levantan contentísimos, y así es como viajan los cronopios.

Las esperanzas, sedentarias, se dejan viajar por las cosas y los hombres, y son como las estatuas que hay que ir a verlas porque ellas ni se molestan.

Julio Cortazar.

miércoles, 18 de febrero de 2015

Doce poemas perdidos.

   © Guillermo Asián



A la puta que se llevó mis poemas.

Algunos dicen que debemos eliminar del poema
los remordimientos personales,
permanecer abstractos, hay cierta razón en esto, pero
¡Por Dios!
¡Doce poemas perdidos y no tengo copias!
¡Y también te llevaste mis cuadros, los mejores!
¡Es intolerable!
¿Tratas de joderme como a los demás?
¿Por qué no te llevaste mejor mi dinero? Usualmente
lo sacan de los dormidos y borrachos pantalones enfermos en el
rincón
La próxima vez llévate mi brazo izquierdo o un billete de
cincuenta,
pero mis poemas no.

No soy Shakespeare
pero puede que algún día ya no escriba más,
abstractos o de los otros;
Siempre habrá dinero y putas y borrachos
hasta que caiga la última bomba,
pero como dijo Dios,
cruzándose de piernas:
"veo que he creado muchos poetas
pero no tanta poesía."
 
Charles Bukowski

viernes, 13 de febrero de 2015

Mi joven amigo

                                                                                                 © Guillermo Asián


Hago mi camino cansado y polvoriento, y detenida y dudosa queda tras de mí la juventud, que baja su hermosa cabeza y se niega a acompañarme.
Hermann Hesse

viernes, 19 de diciembre de 2014

"De pie o de rodillas..."

                                                               Foto: Guillermo Asián



                                        Discurso de «El Gran Dictador» -Charles Chaplin

"Lo siento. Pero yo no quiero ser emperador. Ese no es mi oficio. No quiero gobernar ni conquistar a nadie, sino ayudar a todos si fuera posible. Judíos y gentiles, blancos o negros. Tenemos que ayudarnos los unos a los otros; los seres humanos somos así. Queremos hacer felices a los demás, no hacernos desgraciados. No queremos odiar ni despreciar a nadie. En este mundo hay sitio para todos. La buena tierra es rica y puede alimentar a todos los seres. El camino de la vida puede ser libre y hermoso, pero lo hemos perdido. La codicia ha envenenado las armas, ha levantado barreras de odio, nos ha empujado hacia la miseria y las matanzas.

Hemos progresado muy deprisa, pero nos hemos encarcelado a nosotros. El maquinismo, que crea abundancia, nos deja en la necesidad. Nuestro conocimiento nos ha hecho cínicos. Nuestra inteligencia, duros y secos. Pensamos demasiado y sentimos muy poco. Más que máquinas necesitamos humanidad. Más que inteligencia, tener bondad y dulzura. Sin estas cualidades la vida será violenta, se perderá todo. Los aviones y la radio nos hacen sentirnos más cercanos. La verdadera naturaleza de estos inventos exige bondad humana, exige la hermandad universal que nos una a todos nosotros.

Ahora mismo, mi voz llega a millones de seres en todo el mundo, a millones de hombres desesperados, mujeres y niños, víctimas de un sistema que hace torturar a los hombres y encarcelar a gentes inocentes. A los que puedan oirme, les digo: no deseperéis. La desdicha que padecemos no es más que la pasajera codicia y la amargura de hombres que temen seguir el camino del progreso humano.
El odio de los hombres pasará y caerán los dictadores, y el poder que le quitaron al pueblo se le reintegrará al pueblo, y, así, mientras el Hombre exista, la libertad no perecerá. Soldados, no os rindáis a esos hombres que en realidad os desprecian, os esclavizan, reglamentan vuestras vidas y os dicen lo que tenéis que hacer, qué pensar y qué sentir.

Os barren el cerebro, os ceban, os tratan como a ganado y como a carne de cañón. No os entreguéis a estos individuos inhumanos, hombres máquina, con cerebros y corazones de máquinas. Vosotros no sois máquinas, no sois ganado, sois hombres. Lleváis el amor de la Humanidad en vuestros corazones, no el odio. Sólo los que no aman odian; los que no aman y los inhumanos.

Soldados. No luchéis por la esclavitud, sino por la libertad. En el capítulo 17 de San Lucas se lee: "El Reino de Dios no está dentro del hombre; no de un hombre ni de un grupo de hombres, sino de todos los hombres..." En vosotros. Vosotros el pueblo tenéis el poder. El poder de crear máquinas, el poder de crear felicidad. Vosotros el pueblo tenéis el poder de hacer esta vida libre y hermosa, de convertirla en una maravillosa aventura.

En nombre de la democracia, utilicemos ese poder actuando todos unidos. Luchemos por un mundo nuevo, digno y noble que garantice a los hombres trabajo y dé a la juventud un futuro y a la vejez seguridad. Pero bajo la promesa de esas cosas, las fieras alcanzaron el poder. Pero mintieron, no han cumplido sus promesas ni nunca las cumplirán. Los dictadores son libres sólo ellos, pero esclavizan al pueblo. Luchemos nostros ahora para hacer realidad lo prometido. Todos a luchar para libertar al mundo. Para derribar barreras nacionales, para eliminar la ambición, el odio y la intolerancia. Luchemos por el mundo de la razón. Un mundo donde la ciencia, donde el progreso, nos conduzca a todos a la felicidad. Soldados, en nombre de la democracia, debemos unirnos todos..."

domingo, 15 de junio de 2014

Ser o no ser

                                                                                                                                         © Guillermo Asián.

"Ser no ser, he aquí la cuestión. ¿Qué es más digno para el espíritu, sufrir los golpes y dardos de la insultante fortuna o tomar armas contra océanos de calamidades y, haciéndoles frente, acabar con ellas?"

William Shakespeare.

lunes, 16 de septiembre de 2013

Por La Isla...

                         © Guillermo Asián

La Carmen está bailando
por las calles de Sevilla.
Tiene blancos los cabellos
y brillantes las pupilas.

viernes, 24 de febrero de 2012

William Klein

Desde los 11 años se ha tomado el arte como un reto: revolucionar los cánones estéticos. Y lo ha logrado. Pintor, cineasta y fotógrafo apasionado de las escenas callejeras, este creador alérgico a las normas es uno de los grandes renovadores de la fotografía

Brillante y sarcástico, un artista versátil que no dudó en saltar de la pintura a la fotografía y de ésta, al cine para volver a la pintura mezclándola con imágenes fotográficas, un creador cuyas incursiones en el mundo de la moda sirvieron para introducir nuevas técnicas que se han explotado hasta la saciedad en las últimas décadas. Durante su larga y variada trayectoria, Klein ha luchado por ser independiente por encima de todo, su única motivación ha sido seguir una vocación que se manifestó de forma precoz y que prácticamente ha desarrollado en París, donde vive desde que contrajo matrimonio con Jeanne Florin, lejos del Nueva York que lo vio crecer y de un país que de forma tardía ha sabido brindarle el reconocimiento que merece.



El Semanal. Fue un niño judío muy adelantado que vivía en un barrio humilde irlandés. ¿Qué recuerdos tiene de su niñez?
William Klein. Nueva York es un lugar un tanto peligroso para crecer en sus calles. Éramos pobres y recuerdo que siempre nos estábamos peleando. Por suerte, cuando tuve 14 años, el MOMA se convirtió en un segundo hogar para mí. Fui a una escuela para alumnos aventajados durante cuatro años y estudiar allí significaba que podías acudir gratis durante dos años también a un city college de una de las mejores universidades de América. Allí, las universidades son muy caras, así que fui muy afortunado por entrar en esa escuela y asegurarme un sitio en la facultad. Si los estudiantes tenían buenas notas, no se prestaba mucha atención a la asistencia, podíamos ir y venir. Para mí y dos de mis amigos, las clases eran muy aburridas, sólo nos interesaba el arte. Era, además, una escuela muy política, los estudiantes hablaban todo el día de Stalin y Trotsky y a mí me aburría. Nuestros problemas eran más del tipo cómo convertirte en artista, qué es un artista y qué va a pasarnos. El MOMA ahora es como el Vaticano –si quieres ver la exposición de Matisse tienes que esperar una cola y un policía te pregunta si tienes el ticket o no–. Pero a finales de los 40, estaba casi vacío y podías ver todo lo relacionado con el mundo del arte. Lo que más nos interesaba eran las películas. Íbamos a verlas y hacíamos ruido, por ejemplo, en ‘Camile’, cuando Greta Garbo se está muriendo y aparecía Robert Taylor con ese pelo… nos moríamos de la risa. La gente, mientras, lloraba y nos pedía que nos callásemos. También veíamos filmes suecos con subtítulos en húngaro que nadie podía entender o de Frizt Lane sin subtítulos en inglés con ese alemán tan gótico. Después, hablábamos de esas películas y discutíamos durante horas. Ésa era nuestra ocupación.
E.S.¿Cuándo descubrió que quería ser artista?
W. K. A los diez o los once años ya quería ser pintor y vivir en París. Estaba obsesionado con esa ciudad, así que veía películas francesas de Renoir y otros. Para mí era otro mundo, me cautivó. Así que pasaba tres días por semana toda la tarde viendo exposiciones y filmes. Cuando era pequeño, no sabía quién hacía las películas, simplemente aparecían, era algo mágico. Pero en las revistas americanas nadie hablaba de los directores, sino de las estrellas de cine, de que si Clark Gable salía con Carole Lombard y fueron vistos en un ‘night club’… ese tipo de cotilleos con los que la gente se volvía loca, como hoy. Sólo se hablaba de algún director cuando había un escándalo, como con Orson Welles o Charlie Chaplin, que tuvo demandas judiciales por tener un bebé con una chica de 17 años. Todo el mundo siguió aquello y nadie hablaba de él como director, no había esa costumbre en la cultura americana de la época. Cuando llegué a París fue cuando me di cuenta de que cualquiera podía hacer películas.



E.S. ¿Qué le llevó a grabar filmes, a partir de 1965, si ya se dedicaba a la fotografía y a la pintura?
W. K. Yo no soy un cineasta en el sentido estricto de la palabra porque hago fotos, escribo libros, pinto y también dirijo películas. Un verdadero cineasta piensa en ello 24 horas al día cada día. No es mi caso. Siempre que he querido hacer películas, lo he intentado y trabajo en ellas todo el tiempo: diseño los escenarios, los sets, el vestuario, hago el cien por cien. Pero cuando acabo la película, quiero hacer algo más, un libro, pintar. No soy realmente un director típico que sólo piensa en sus grabaciones.
E.S. ¿Cuál es la lección principal que aprendió de sus primeros años de formación en París?
W.K. Cuando llegué a París en los 50, la ciudad estaba bastante derrotada después de la ocupación alemana, y pasaron unos años hasta que empezó a recuperarse culturalmente. Algo similar a lo que ocurrió en España con Franco. En París durante unos años no había exposiciones. Recuerdo que la primera vez que fui a ver una de Paul Klee, la gente no sabía quién era. Actualmente, todo el mundo conoce el cine independiente, sin embargo, antes, que no era tan común, en Francia prácticamente todas las películas lo eran, estaban fuera del sistema, seguían la ‘nouvelle vague’. Lo que los americanos llaman ahora cine ‘indie’. Nadie tenía dinero y llevar a cabo una película dentro del sistema implicaba que un director tuviera un primer asistente, un segundo asistente… En el periodo en el que dirigí filmes apenas había equipo ni medios. Hablaban de películas y las hacían.


E.S. En su trabajo se percibe la influencia de las vanguardias en París, parece que haya aprendido de ellas para luego deshacer ese aprendizaje y romper las reglas, por ejemplo, de la fotografía.
W.K. Sí, es un poco así. No he tenido ningún entrenamiento formal en fotografía, aunque sí en pintura. Se supone que la fotografía y cómo pensar en ella es algo que te enseñan en la escuela. Lo que me interesaba de la fotografía era el ‘collage’, algo muy diferente a una pintura, sin una composición geométrica. Yo pensaba que tomar una foto era algo mucho más libre, captar lo que ha pasado en ese momento en el que has disparado. Ahora, todo el mundo tiene una cámara y puede hacer fotos e incluso hacer una película. Es un periodo caótico, porque los ‘amateurs’ pueden hacer cosas que los profesionales hacen después de pensar mucho cómo producir algo diferente [ríe]. Está toda esa gente con sus cámaras disparando cualquier cosa y creo que es muy divertido, me gustaría ver ese material. Probablemente es muy disparatado.
E.S. Se forjó al comienzo de su carrera la fama ‘del fotógrafo-antifotógrafo’ con el uso del gran angular, los desenfoques, las sobrexposiciones, por el grano grueso y porque aproximaba la cámara buscando siempre la interactuación con el sujeto. ¿Cómo se siente ahora respecto a ese calificativo?
W.K. Me encanta pensar que lo que hice se ha convertido en algo bastante normalizado, aunque entonces fuera un escándalo. Algunos fotógrafos veían mi ‘book’ y me preguntaban: ¿por qué incluyes estás fotografías si están desenfocadas?


E.S. Su trabajo, durante mucho tiempo, ha sido más conocido y aceptado en Europa que en su propio país.
W.K. Es así. Pero, ante todo [ríe], a mí lo que no me gustaba era mi familia. Quería huir de ella. Quería ser un artista y, en mi círculo, mi padre y mi tío me decían: ¿pero vas a hacer dinero siendo un artista, un pintor o un fotógrafo? Fui pintor durante cuatro o seis años antes de empezar a interesarme por la fotografía, mientras en mi familia, y en América en general, la gente sólo pensaba en tener dinero, dinero, dinero.
E.S. Alexander Liberman, director de arte de Vogue America, lo introdujo en la moda, donde usted empleó nuevas técnicas y utilizó por primera vez la calle como escenario para sus producciones, ¿qué recuerda de él?
W.K. Vogue no es lo mismo hoy que a mediados de los 50. Ahora es como un catálogo, es como ver un supermercado para gente rica. Liberman me preguntó una vez: ¿Por qué no intentas hacer estas cosas locas en Vogue?. Llamó a un hombre, un director comercial creo, y le dijo: Cuéntale cómo es una portada de Vogue. Éste me explicó: Una portada de la revista es una chica en la derecha con ojos azules, rubia y blanca. Las letras van a la izquierda. Luego se volvió y me comentó: Nosotros hacemos Vogue para mujeres que llevan vidas de color de rosa. La moda para mí ha sido un poco como una broma. No estaba realmente interesado en ella, lo bueno es que me daba la oportunidad de aprender y experimentar con nuevas formas de hacer fotografía. Liberman vio una exposición mía de escultura en París, me llamó y me dijo si quería trabajar en Vogue, como su asistente o como director de arte. Decía que yo tenía grandes posibilidades gráficas. Así que cuando volví a Nueva York, tuve varias ideas y fui a verlo. En la redacción conocí a esas mujeres con sus sombreritos y sus pelos cardados, eran chicas de la alta sociedad que tenían mucho dinero y que trabajaban por hacer algo.



E.S. ¿Es cierto que usted intentaba evitar el contacto con las editoras de moda?
W.K. Sí, Liberman me dijo que creía que era mejor que no tuviese demasiado contacto con las editoras de moda, porque estaban todas muy locas y era mejor que no me preocupase por eso. Había dos editores diferentes en la revista con los que trabajé, pero me distancié de ellos porque la mayoría no me interesaba. Por ejemplo, había un tipo llamado Nicholas de Gaingsbourg de la alta sociedad que hacía películas y las producía. También había una mujer que no me gustó nada, Diana Vreeland. Todo el mundo la idolatraba como si fuera una santa, pensaban que era maravillosa. ¡Yo pensaba que era un grano en mi culo! [ríe]. En mi película In & Out of Fashion tomé cosas de ‘Vogue’, no trata el tema de la moda, sino de los sueños: las películas, las revistas, las ‘celebrities’, sobre todas esas fantasías. Es una mezcla de película con fotografía y pintura, aunque habla también de la inocencia. Hay un personaje de una mujer muy loca para la que me inspiré en Diana Vreeland. Ella no me gustaba, por eso no intimamos, aunque más tarde supe que conocía a muchísima gente, actores, artistas, gente famosa, y pensé: Dios mío, esta mujer era demencial, pero parece que tenía más interés de lo que yo pensé.
E.S. De entre las películas que ha rodado a lo largo de su carrera, ¿cuáles son sus favoritas?
W.K. No lo sé, cada una es diferente y única. Me gusta ‘Hollywood, California: a Loser’s Opera’, ‘Mr Freedom’… todas. Mi favorita puede que sea ‘Qui êtes-vous, Polly Maggoo’. Fue mi primer filme y estaba tan emocionado por trabajar con actores que nunca pensé que fuera un trabajo tan duro.
E.S. ¿Se ha sentido en alguna ocasión extranjero en su propia tierra?
W.K. Siempre me siento americano, tengo reacciones americanas, pero, por supuesto, soy muy crítico con mi
país. Los americanos somos los mejores críticos de nuestro Estado, como Chomsky o Michael Moore. Ellos son más conscientes de lo que pasa allí que los europeos, que siempre suelen repetir clichés sobre los americanos.


E.S. Desde la distancia, cómo ve, por ejemplo, la política internacional de la Administración Bush.
W. K. Es maravillosa [responde con ironía]. Siempre ha sido así de terrible, nunca lo he comprendido. Los americanos han estado explotando constantemente Suramérica, Europa, Asia, los países árabes… Siempre han tenido conciencia de imperio, de un imperio terrible. Incluso cuando era niño siempre me enfadaba por este motivo. Como te he contado, fui a un colegio que era muy político y en mi familia estaban obsesionados por la religión, eran fundamentalistas, y no eran nada abiertos de mente. Había una atmósfera de mucha reticencia respecto a Europa. Siempre me he sentido mal respecto a América porque para vivir el sueño americano debes tener dinero y, si no lo tienes, estás resentido en muchos aspectos con tu propio país. Recuerdo que cuando era un crío vi ‘Ciudadano Kane’. Creo que es una película fantástica, pero entonces fue un escándalo. La crítica la destruyó y, en vez de convertirse en un gran filme, allí se convirtió en una película estigmatizada. Nunca lo entendí, no me gustaba y estaba muy enfadado de que así fuera.

En la vehemencia con la que Klein habla de la incomprensión de la obra de Orson Welles uno percibe una profunda identificación. No en vano, tras su primera estancia de seis años en París, Klein regresó a Nueva York con la intención de trabajar allí y realizar el que sería su primer libro. Life’s is Good and Good for You in New York: Trance Witness Revels. Su forma de fotografiar a los neoyorquinos, como si de un etnógrafo se tratase, presagiando la aparición de trabajos como The Americans, de Robert Frank, y de fotógrafos como Diane Arbus, hizo que ningún editor americano quisiera sacar su libro a la luz. Por ello, William Klein tuvo que regresar a París donde consiguió publicarlo en 1956, ganando el premio Nadar y abriendo camino a sus siguientes libros sobre Roma (1960), Moscú (1964) y Tokio (1964).

E.S. Usted siempre se ha saltado las reglas. ¿Se ha sentido de forma consciente como un rompedor de esquemas, de moldes?
W. K. Siento que he sido independiente, que siempre he hecho lo que querido y eso me ha creado muchos problemas. Por ejemplo, me hubiera gustado que mis películas se distribuyeran en Norteamérica, pero allí siempre he sido considerado una persona fuera de la ley. A los estadounidenses no les gusta la gente que vive en Europa, piensan que somos sospechosos de algo. Mis mejores amigos pintores que vivían en París tuvieron que volver a América para jugar el juego y conseguir formar parte de la escena de allí. Incluso en el ambiente de la fotografía no conozco a los críticos, a los comisarios… y tampoco me importa [ríe]. Creo que soy una figura incómoda
Entrevista de Cristina Carrillo de Albornoz para  XLSemanal.

Paul Strand

Consejos de Paul Strand

Todos somos estudiantes, algunos lo son por mas tiempo que otros más experimentados. Cuando dejéis de ser estudiantes, puede que dejéis de estar vivos en lo que concierne al sentido de vuestro trabajo. Por lo tanto hablo de estudiante a estudiante.

                                                            
                     Paul Strand por Walter Rosenblum, 1973

Quiero deciros, pues, que antes de dedicar tiempo a la fotografía (que por otro lado os tomará mucho) pensad hasta que punto es importante para cada uno de vosotros.
Si lo que realmente perseguís es pintar u otra cosa, entonces no fotografiéis, salvo que se trate de pura diversión. La fotografía no es un atajo para llegar a la pintura, para llegar a ser artista o para cualquier otra cosa. Por otro lado si la cámara y sus materiales os fascina y motiva vuestra energía y vuestro respeto, aprended a fotografiar. Descubrid primero qué puede hacer esta cámara y estos materiales sin ninguna interferencia, únicamente con vuestra propia visión. Fotografiad un árbol, una máquina, una mesa, cualquier trasto viejo; hacedlo una y otra vez modificando la luz. Observad lo que registra vuestra película, descubrid los resultados que se obtienen con los distintos tipos de papel y gradaciones. Las diferencias de color que pueden obtenerse utilizando uno u otro revelador y en qué forma estas diferencias cambian la expresividad de la imagen. El campo es ilimitado, inagotable, sin salir de las fronteras naturales del medio. En resumen, trabajad, experimentad y olvidaros del Arte, del pictorialismo y de otras palabras en mayor o menor grado carentes de sentido.
Ved libros de autor, exposiciones, por lo menos conoceréis lo que han hecho los fotógrafos. Y observad también críticamente lo que se este haciendo en general y lo que cada uno de vosotros realiza ahora. Algunos han dicho que Stieglitz tenía fuerza porque hipnotizaba a sus modelos. Id y mirad lo que ha hecho con sus nubes; descubrid si sus poderes hipnóticos se extendían también sobre los elementos. Observad todas estas cosas. Ved qué significan para vosotros; asimilad lo que podáis y olvidaros del resto. Sobre todo mirad las cosas que os rodean, vuestro mundo inmediato. Si estáis vivos significará algo para vosotros, y si os interesáis lo suficiente por la fotografía y sabéis como usarla querréis fotografiar ese significado.
Si permitís que la visión de otra gente se interponga entre el mundo y vuestra propia visión conseguiréis algo ordinario y sin sentido: fotografía pictorialista. Pero si conserváis esta visión clara, conseguiréis algo que por lo menos será una fotografía con vida propia, al igual que un árbol o una caja de cerillas, siempre que creáis que estas cosas tienen vida propia. Para conseguir esto no existen atajos, ni fórmulas, ni reglas; únicamente en todo caso las que rigen la vida de cada uno. Sin embargo, es necesaria la autocrítica más rigurosa y el trabajo constante. Pero primero aprended a fotografiar. Para mí esto constituye ya un problema sin fin.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Jeanloup Sieff

Jeanloup SieffJeanloup Sieff (París, 1933-2000)  
"Mi compañera de infancia –dijo en cierta ocasión– fue la soledad (un padre desaparecido, el vagabundeo en tiempo de guerra), pero llegué a aceptarla tanto como el dolor que me producía".

La característica más sobresaliente de su trabajo fueron sus fotografías captadas en blanco y negro, realizadas principalmente con objetivo gran angular, y sus dramáticos contrastes en laboratorio. Su estilo muestra la influencia  de la nueva objetividad y quizás cierta tendencia surrealista. Hijo de inmigrantes polacos, nacido en París en 1933, Sieff se sintió atraído por la fotografía desde muy joven, el día que le regalaron una cámara Photax. La fotografía le condujo hasta la pintura, y de esta manera, con influencias de Seurat y de Renoir, investigó un nuevo estilo en su primer libro, Le Ballet, protagonizado por las bailarinas de la Ópera de París. Es entonces cuando desarrolla un talento especial para convertir en arte fotográfico la belleza femenina.
El ballet, el cine y la moda fueron parte de sus temas preferidos. Es posible que  hoy sea mucho más admirado por sus fotografías de modelos semidesnudas, pero su personal iconografía y su romántica puesta en escena destacan, quizás, con más fuerza en las bellas imágenes captadas en los páramos de Escocia y en las fotografías realizadas en California, en  el Valle de la Muerte.  Estoy seguro de que algunos paisajistas con talento, como Ansel Adams, hubieran firmado con gusto esas imágenes. Su obra ha sido premiada internacionalmente, desde Japón hasta Estados Unidos, y se encuentra distribuida por todo el mundo. Aprovecho esta entrada para recomendar encarecidamente el libro
editado por TASCHEN, además muy asequible en precio, que reúne gran parte de su obra.









 Fotografías de Jeanloup Sieff
Vídeo.
http://www.youtube.com/watch?v=xpgnNPC91d0

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Gitanos

Minorías marginadas 

Copia de la nota publicada en Facebook el Martes 29 de noviembre de 2011.

 © Guillermo Asián

Dice el historiador George Borrow que “quizás no haya un país en el que se hayan hecho más leyes con mirasde suprimir y extinguir el nombre, la raza y el modo de vivir de los gitanos como en España”.
En España se cree que llegaron hacia 1415, dispersándose y viajando después por todo el país. Las relaciones entre la población local y los gitanos fueron en general buenas durante el siglo XV.  Sin embargo, a partir de 1469, con la llegada al trono de los Reyes Católicos, la situación cambió radicalmente, presumiblemente a causa de la búsqueda de la homogeneidad cultural en España, lo cual era la característica propia de la unión de las dinastías hispánicas. Las autoridades dieron a los gitanos un plazo de dos meses para que tomaran un domicilio fijo, adoptaran un oficio y abandonasen su forma de vestir y sus costumbres, so pena de expulsión o esclavitud. Se buscaba la unificación de los súbditos en toda la Península, siendo el ideal al alcanzar la centralización del poder político, la existencia de una única religión, una única lengua, una única cultura y, por consiguiente, una única manera de ser. De tal manera, Las Cortes de Castilla de 1594 emitieron un mandato tendiente a separar a los «gitanos de las gitanas, a fin de obtener la extinción de la raza; vaticinando la política de las prácticas de esterilización que seguirían otros monarcas europeos de la Edad Moderna. En 1633, una pragmática negó a los gitanos el carácter de nación y prohibió incluso el uso del término gitano en el reino
Como hemos comentado anteriormente; al principio,  la llegada de los gitanos a la Península Ibérica, fue bien acogida. Vivían con libertad y no sólo no eran rechazados, sino que los campesinos y aldeanos, les miraban con simpatía y comerciaban con ellos. Sus habilidades artesanas, su facilidad para entretener y divertir, eran apreciadas.
Y  es que la sociedad que los gitanos encuentran a su llegada era muy distinta a la que luego se conformó con el fin de la reconquista y la consiguiente unificación de los reinos de Castilla y Aragón. La hegemonía del cristianismo acaba con la convivencia más o menos armoniosa y pacífica entre diversas culturas y religiones (judíos, árabes y cristianos) que es sustituida por el fanatismo y la represión.
En esa situación, los gitanos aparecen entonces como gente peligrosa, difícil de domesticar y de controlar. Su forma libre de vivir y su apego a sus propias costumbres y tradiciones, no sólo no encajaban en la sociedad férrea y homogénea que pretenden los Reyes Católicos (y posteriormente sus sucesores), sino que eran mal ejemplo para unos campesinos y aldeanos reducidos todos a la categoría de vasallos, más o menos resignados a vivir bajo el peso de la cruz y la espada, identificadas entre sí como una única cosa.
Ya no hay lugar para la tolerancia, ya no se acepta a los que piensan, hablan, visten o se comportan de forma distinta. Así, en nombre de la fe, los Reyes Católicos (en adelante RR.CC.) y la Iglesia a través de su “policía política”, la Inquisición, ponen en pie los que han sido hasta hace poco los pilares ideológicos de las clases dirigentes españolas: “Un único y absoluto poder político, una única religión, una única lengua, una única cultura y por consiguiente una única manera de ser y sentir”. A partir de ahí, comienza la represión política contra nuestro pueblo que ha durado hasta hoy.
Un conjunto de leyes, disposiciones reales y decretos que inauguran los Reyes Católicos con una pragmática fechada en Medina del Campo en 1499, que dice: “Mandamos a los egipcianos que andan vagando por nuestros reinos y señoríos con sus mujeres e hijos, que del día que esta ley fuera notificada y pregonada en nuestra corte, y en las villas, lugares y ciudades que son cabeza de partido hasta sesenta días siguientes, cada uno de ellos viva por oficios conocidos, que mejor supieran aprovecharse, estando atada en lugares donde acordasen asentar o tomar vivienda de señores a quien sirvan, y los den lo hubiese menester y no anden más juntos vagando por nuestros reinos como lo facen, o dentro de otros sesenta días primeros siguientes, salgan de nuestros reinos y no vuelvan a ellos en manera alguna, so pena de que si en ellos fueren hallados o tomados sin oficios o sin señores juntos, pasados los dichos días, que den a cada uno cien azotes por la primera vez, y los destierren perpetuamente destos reinos; y por la segunda vez, que les corten las orejas, y estén sesenta días en las cadenas, y los tornen a desterrar, como dicho es, y por la tercera vez, que sean cautivos de los que los tomasen por toda la vida”.
Esa pragmática y todas las que le siguieron hasta nuestros días han sido la cobertura legal de una represión sin límite que los gitanos hemos sufrido durante más de cinco siglos.
Hasta tal punto esto es así que, incluso, las técnicas de esterilización que durante la Segunda Guerra Mundial los nazis practicaron con los gitanos del Este y del Centro de Europa ya las presagiaron las Cortes de Castilla en 1594, con una disposición legal tendiente a separar a los “gitanos de las gitanas, a fin de obtener la extinción de la raza”.
Para entender una causa fundamental y decisiva en la persecución o marginación de los gitanos y de otras minorías étnicas, es necesario echar mano de los procesos de centralización estatal en Europa a partir del siglo XVI, fundamentados en una homogeneización cultural, lingüística y religiosa. Los primeros decretos de expulsión y asimilación en España coincidieron con los de la expulsión de los judíos en 1492 y los de persecución o conversión de los musulmanes españoles.
Las formas de represión de las autoridades y de la sociedad han sido muy variadas, desde la simple marginación y criminalización hasta la muerte, pasando por la sedentarización forzosa, la deportación y el destierro, el castigo corporal y la mutilación, la esclavitud, los trabajos forzados en galeras, la prisión o reclusión en barrios, ghettos, llamados en España “gitanerías”. Para cada modalidad de persecución, las comunidades gitanas de todo el mundo han generado y siguen generando mecanismos y estrategias específicas de supervivencia, ocultamiento, adaptación o huida.
  • Expulsión. Prácticamente todos los estados europeos promulgaron, sin éxito, decretos de expulsión.
  • Deportación. Portugal e Inglaterra utilizaron el traslado forzoso de población gitana hacia sus colonias americanas, lo que contrasta con la política restrictiva de los españoles, que incluso llegaron a prohibir su partida y a obligar el retorno de los ya emigrados.
  • Esclavización. Los gitanos fueron esclavizados en Rumanía y Hungría. La abolición de la esclavitud gitana tuvo lugar en la segunda mitad del siglo XIX.
  • Asimilación. La legislación anti-gitana española, por ejemplo, ha sido por épocas asimilacionista. Carlos III en 1783 nacionaliza a los gitanos mediante una pragmática que declara a los gitanos como ciudadanos españoles y, por lo tanto, el deber y derecho de los niños a la escolarización a los 4 años, libres de fijar su residencia, o de emplearse, trabajar en cualquier actividad, penalizándose a los gremios que impidan la entrada o se opongan a la residencia de los gitanos. Pero a costa de que los gitanos abandonen su realidad étnica, como la forma de vestir, no usar el caló, asentarse y abandonar la vida errante. En esa misma pragmática se ilegalizará la palabra gitano.
  • Reclusión. Uno de los más negros y olvidados episodios de la historia de los gitanos españoles fue la Gran Redada o Prisión General de los gitanos de 1749. Durante el reinado de Fernando VI, y mediante un plan urdido en secreto y organizado por el Marqués de la Ensenada, se decidió “prender a todos los gitanos avecindados y vagantes en estos reinos, sin excepción de sexo, estado ni edad, sin reservar refugio alguno a que se hayan acogido”. Fueron detenidos casi todos los gitanos españoles, unos 9.000 (otros 3.000 ya estaban en prisión), los hombres enviados a los arsenales de la marina y las mujeres y los niños encarcelados. Sólo serían indultados 14 años después por el rey Carlos III, y algunos no serán liberados definitivamente hasta 1783.
  • Exterminio. Durante la Segunda Guerra Mundial, como otras etnias o minorías, fueron objeto de persecución y discriminación, muriendo miles de ellos en distintos campos de concentración. El número de romaníes europeos asesinados en lo que en lengua romaní se conoce como porraimos (“la devoración”) aún se desconoce con certeza, oscilando las cifras entre 250.000 y 600.000 personas muertas.
Pasados los años; y hemos comentado de pasada ahora mismo se produjo La Gran Redada
 La Gran Redada, también conocida como Prisión general de gitanos, fue una persecución autorizada por el Rey de España, Fernando VI, y organizada en secreto por el Marqués de la Ensenada, que se inició de manera sincronizada en todo el territorio español el miércoles 30 de julio de 1749, con el objetivo declarado de arrestar (y finalmente «extinguir») a todos los gitanos del reino.
La organización se llevó a cabo en secreto, y dentro del ámbito de la secretaría de Guerra. Esta institución del Estado absolutista preparó minuciosas instrucciones para cada ciudad, que debían ser entregadas al corregidor por un oficial del ejército enviado al efecto. La orden era abrir esas instrucciones en un día determinado, estando presente el corregidor y el oficial, para lograr la simultaneidad de la operación. También se prepararon instrucciones específicas para cada oficial, que se haría cargo de las tropas que debían llevar a cabo el arresto. Ni el oficial ni las tropas conocían hasta el último momento el objetivo de su misión. Ambas órdenes iban introducidas en un sobre, al que se añadió una copia del decreto del nuncio (antes mencionado) e instrucciones para los obispos de cada diócesis. Esos sobres se remitieron a los Capitanes Generales (previamente informados), que escogieron a las tropas en función de la ciudad a la que debían dirigirse.
Las instrucciones estipulaban que tras abrir los sobres se mantendría una breve reunión de coordinación del ejército y las fuerzas de orden público locales (alguaciles, etc.). Se sabe que en Carmona, por ejemplo, se estudió la operación sobre el plano de la ciudad, cortando las calles para evitar una posible huida. Tras los arrestos, se cruzaron los datos de los detenidos con los del censo de la ciudad, y se interrogó a los detenidos sobre el paradero de los ausentes, que fueron arrestados mediante requisitoria a los pocos días.
Tras el arresto, los gitanos deberían ser separados en dos grupos: todos los hombres mayores de siete años en uno, y las mujeres y los menores de siete años en otro. A continuación, y según el plan, los primeros serían enviados a trabajos forzados en los arsenales de la Marina, y las segundas ingresadas en cárceles o fábricas. Los arsenales elegidos fueron los de Cartagena, La Coruña y Ferrol, y más tarde las minas de Almadén, Cádiz y Alicante y algunas penitenciarías del norte de África. Para las mujeres y los niños se escogieron las provincias de Málaga, Valencia y Zaragoza. Las mujeres tejerían, y los niños trabajarían en las fábricas, mientras los hombres trabajarían en los arsenales, necesitados de una intensa reforma para posibilitar la modernización de la flota española, toda vez que las galeras habían sido abolidas en 1748. La separación de las familias (con el evidente objetivo de impedir nuevos nacimientos) fue uno de los rasgos más crueles de la persecución.
El traslado sería inmediato, y no se detendría hasta llegar al destino, quedando todo enfermo bajo vigilancia militar mientras se recuperaba, para así no retrasar al grupo. La operación se financiaría con los bienes de los detenidos, que serían inmediatamente confiscados y subastados para pagar la manutención durante el traslado, el alquiler de carretas  y barcos  para el viaje y cualquier otro gasto que se produjera. Las instrucciones, muy puntillosas en ese sentido, establecían que —de no bastar ese dinero— el propio Rey correría con los gastos.
La operación supuso la detención de 9.000 a 12.000 gitanos, lo que causó problemas de ubicación, que fueron solventados sobre la marcha. En cada lugar los hechos se desarrollaron de manera particular. En Sevilla, uno de los lugares más densamente poblados de gitanos de toda España (130 familias), se creó un cierto estado de alarma cuando se ordenó cerrar las puertas de la ciudad y los habitantes se enteraron de que el ejército rodeaba la población. La recogida de los gitanos dio lugar a disturbios que se saldaron con al menos tres fugitivos muertos. En otros lugares, los propios gitanos se presentaron voluntariamente ante los corregidores, creyendo tal vez que acudían a resolver algún asunto relacionado con su reciente reasentamiento.
La meticulosa organización de los arrestos contrasta con la imprevisión y el caos en que se convirtió el traslado y el alojamiento, sobre todo en las etapas intermedias de los viajes. Se reunió a los gitanos en castillos y alcazabas, e incluso se vaciaron y cercaron barrios de algunas ciudades para alojar a los deportados (por ejemplo, en Málaga). Ya en su destino, las condiciones de hacinamiento resultaron ser especialmente terribles, pues por lo general incluían el uso de grilletes.
Según la documentación conservada, la actitud de los no gitanos fue variable. Desde la colaboración y la denuncia hasta la petición de misericordia al Rey por parte de ciudadanos «respetables» (en el caso de Sevilla), lo que es una muestra del variado grado de integración que tenía la población gitana de entonces.
No habrá en la historia de la humanidad un caso tal de persecución contra un pueblo que haya durado tanto y que haya quedado tan impune. Hemos sido, y somos aún, una especie para la que no hay veda.

Fuente: Universidad de Alicante