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jueves, 26 de febrero de 2015

Ya no vivo aquí.

         © Guillermo Asián


         Cuando los famas salen de viaje, sus costumbres al pernoctar en una ciudad son
         las siguientes: Un fama va al hotel y averigua cautelosamente los precios, la   
         calidad de las sábanas y el color de las alfombras. El segundo se traslada a la
         comisaría y labra un acta declarando los muebles e inmuebles de los tres, así como
         el inventario del contenido de sus valijas. El tercer fama va al hospital y copia las
         listas de los médicos de guardia y sus especialidades.
    
Terminadas estas diligencias, los viajeros se reúnen en la plaza mayor de
la ciudad, se comunican sus observaciones, y entran en el café a beber un aperitivo. Pero antes se toman de las manos y danzan en ronda. Esta danza recibe el nombre de "Alegría de los famas".

Cuando los cronopios van de viaje, encuentran los hoteles llenos, los trenes ya se han marchado, llueve a gritos, y los taxis no quieren llevarlos o les cobran precios altísimos. Los cronopios no se desaniman porque creen firmemente que estas cosas les ocurren a todos, y a la hora de dormir se dicen unos a otros: "La hermosa ciudad, la hermosísima ciudad". Y sueñan toda la noche que en la ciudad hay grandes fiestas y que ellos están invitados. Al otro día se levantan contentísimos, y así es como viajan los cronopios.

Las esperanzas, sedentarias, se dejan viajar por las cosas y los hombres, y son como las estatuas que hay que ir a verlas porque ellas ni se molestan.

Julio Cortazar.

martes, 22 de noviembre de 2011

El caminante sobre el mar de nubes



"El caminante sobre el mar de nubes" (en alemán, Der Wanderer über dem Nebelmeer), se trata de una de las obras del pintor romántico alemán Caspar David Friedrich. Se trata de un óleo sobre tela que mide 74,8 centímetros de ancho por 94,8 centímetros de alto, que data del año 1818. Actualmente se conserva en el Kunsthalle de Hamburgo (Alemania).
La obra representa a un viajero, al que se ha identificado con el propio Friedrich, que se encuentra de pie en lo alto de una montaña elevada, mirando un mar de nubes que queda debajo. El viajero se encuentra de espaldas. Viste de negro. Adelanta una pierna y se apoya en un bastón. Se pueden ver los picos de otras montañas que aparecen entre la niebla, mientras que una cadena de enormes montañas ocupa el fondo. La gran extensión de cielo, sobre las montañas del fondo, cubre gran parte del cuadro. Se trata de un paisaje de Sajonia.
Esta obra de arte está creada teniendo en cuenta las convenciones de género, tanto del Romanticismo como del paisaje. La obra, de esta manera, no se diferencia de otras obras de Friedrich, que parecía sentirse atraído con la idea de ver y experimentar la naturaleza en lugares aislados y maravillosos: al borde del mar o de los lagos, en la cima de las montañas o en lo alto de una cascada.
La obra de este pintor tiene un gran carácter simbólico, y de todos los elementos de este cuadro se pueden deducir diferentes interpretaciones. Algunas aluden a que el mar de nubes representaría la inmensidad del universo frente a la pequeñez del hombre. La naturaleza se regenera, pero el hombre es mortal. Se pretende transmitir el sentimiento de lo sublime, la impresión de magnificencia y sobrecogimiento que produce la naturaleza en toda su grandeza. El hombre de espaldas parece recordar, sumido en la contemplación, su propia mortalidad.

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El viaje a ninguna parte
 El viaje permanente, la búsqueda y la aventura. El fin de todo viaje es el tránsito, llegar no es lo prioritario. El complemento de esta aventura es el disfrute de encontrar. Estas fotografías, junto a la  pintura  de Caspar David Friedrich, son testigos de una calmada observación. Que las disfruten.

 






   Fotos: © Guillermo Asián