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jueves, 10 de noviembre de 2011

Después...

 © Guillermo Asián

Tendida tú aquí, en la penumbra del cuarto,
como el silencio que queda después del amor,
yo asciendo levemente desde el fondo de mi reposo
hasta tus bordes, tenues, apagados, que dulces existen.
Y con mi mano repaso las lindes delicadas de tu vivir retraído.
Y siento la musical, callada verdad de tu cuerpo, 
que hace un instante, en desorden, como lumbre cantaba.
El reposo consiente a la masa que perdió por el amor su forma continua,
para despegar hacia arriba con la voraz irregularidad de la llama,
convertirse otra vez en el cuerpo veraz que en sus límites se rehace.
Tocando esos bordes, sedosos, indemnes, tibios, delicadamente desnudos,
se sabe que la amada persiste en su vida.
Momentánea destrucción el amor, combustión que amenaza
al puro ser que amamos, al que nuestro fuego vulnera,
sólo cuando desprendidos de sus lumbres deshechas la miramos, 
reconocemos perfecta, cuajada, reciente la vida,
la silenciosa y cálida vida que desde su dulce exterioridad nos llamaba.
He aquí el perfecto vaso del amor que, colmado,
opulento de su sangre serena, dorado reluce.
He aquí los senos, el vientre, su redondo muslo, su acabado pie,
y arriba los hombros, el cuello de suave pluma reciente,
la mejilla no quemada, no ardida, cándida en su rosa nacido,
y la frente donde habita el pensamiento diario de nuestro amor, que allí lúcido vela.
En medio, sellando el rostro nítido que la tarde amarilla caldea sin celo,
está la boca fina, rasgada, pura en las luces.
Oh temerosa llave del recinto del fuego.
Rozo tu delicada piel con estos dedos que temen y saben,
mientras pongo mi boca sobre tu cabellera apagada.
Después del amor
Vicente Aleixandre
 

sábado, 1 de octubre de 2011

Los torturados

 © Guillermo Asián

Sordo torturador

Tú, hombre mujer de mirar esquivo
de risa enlosas caricias y sabores
en ciudad de oro a salvo apareciste
ajeno a miedo golpes y tropiezos
Rodeas hombros pieles y fragancia
arrobas carnes huecos pasionales

Ignoras hierro tortura fuego
dormitas ciego de logros acolchado
ajeno observas de la parca el paso
repartiendo dinero leyes y mandatos
Sentencias vidas a seres arrastrados
robando sueño luces y deseos

Acaricias fortuna rumiando aciertos
de la calle campesino viajero hombre
ese que alba vive de trabajo atado
caído  amanecido sin ojos sin lengua
El vejado mutilado corre  vuela
de muros tapizado y ropa vieja

Ajeno a barrotes grito forcejeo
viviste tránsito exigente fiero
Ahora mira el paso de ese muerto
de guerra en ti permanente sea
Sinrazón vil locura desgarro
hombre tortura sed y miedo.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Abandono

 © Guillermo Asián

Hoy
la primavera
se ha colado
en forma de lagartija.
Me persigue a dentelladas
y siento
que permanece atascada
entre el bazo
y la garganta.
Es su cola
partida en dos,
quien no para
de hacerme cosquillas,
impidiéndome
respirar.
Y al tratar de escupir
se ha desprendido
una de mis alas
y me sangra la espalda.
No es que no pueda
volar de nuevo,
es sólo que se me han secado
las ganas.

jueves, 15 de septiembre de 2011

Route 66







Imágenes de la serie "Route 66" 
© Guillermo Asián.


El perdedor

Y el siguiente recuerdo es que estoy sobre una mesa,
todos se han marchado: el más valiente
bajo los focos, amenazante, tumbándome a golpes....
y después un tipo asqueroso de pie, fumando un puro:

"Chico, tu no sabes pelear" me dijo.
y yo me levanté y le lancé de un golpe por encima
de una silla.

fue como una escena de película y
allí quedó sobre su enorme trasero diciendo
sin cesar "Dios mío, Dios mío, pero ¿ qué es lo que
te ocurre?" y yo me levanté y me vestí,
las manos aún vendadas, y al llegar a casa
me arranqué las vendas de las manos y
escribí mi primer poema,
y no he dejado de pelear
desde entonces.

Charles Bukowski
The Wild One (part 1)
Mad Max Trailer

sábado, 25 de junio de 2011

Monumento al vacío





























Hoy
la primavera
se ha colado
en forma de lagartija.
Me persigue a dentelladas
y siento
que permanece atascada
entre el bazo
y la garganta.
Es su cola
partida en dos,
quien no para
de hacerme cosquillas,
impidiéndome
respirar.
Y al tratar de escupir
se ha desprendido
una de mis alas
y me sangra la espalda.
No es que no pueda
volar de nuevo,
es sólo que se me han secado
las ganas.

sábado, 11 de junio de 2011

Los amantes



























¿Quién los ve andar por la ciudad
si todos están ciegos ?
Ellos se toman de la mano: algo habla
entre sus dedos, lenguas dulces
lamen la húmeda palma, corren por las falanges,
y arriba está la noche llena de ojos.

Son los amantes, su isla flota a la deriva
hacia muertes de césped, hacia puertos
que se abren entre sábanas.
Todo se desordena a través de ellos,
todo encuentra su cifra escamoteada;
pero ellos ni siquiera saben
que mientras ruedan en su amarga arena
hay una pausa en la obra de la nada,
el tigre es un jardín que juega.

Amanece en los carros de basura,
empiezan a salir los ciegos,
el ministerio abre sus puertas.
Los amantes rendidos se miran y se tocan
una vez más antes de oler el día.


Ya están vestidos, ya se van por la calle.
Y es sólo entonces
cuando están muertos, cuando están vestidos,
que la ciudad los recupera hipócrita
y les impone los deberes cotidianos.

martes, 31 de mayo de 2011

Desde tu ventana

                 © Guillermo Asián

Desde mi ventana el mar no se ve
No se avistan islas para naufragar, porque ya no quedan, Sabina
Desde mi ventana tropieza mi vista con el ladrillo rojo, oculto tras la floresta, aún viva tras los golpes del invierno
Desde mi ventana salto en paralelo, rujo al suelo, enmudezco y lloro
Desde mi ventana veo perros grandes y chicos, veo hombres vestidos de domingo hortera y zapatos de pobreza
Desde mi ventana veo mucho o nada, depende de la cuestión, y si me animo hasta veo carros y carretas, cajas y probetas, consuelos y rarezas
Desde mi ventana veo el cielo, eso sí, de color verde, amarillo, rojo y azul
A veces veo luces en la lejanía, envueltas en tela de algodón gris y blanco
Y hasta veo lindas mujeres de piernas largas y miradas tristes
Desde mi ventana veo el futuro y los miedos, veo un arco roto y una sandalia perdida
Desde mi ventana echo a volar recuerdos y salgo a flote, levitando entre las tórtolas, los tórtolos, la primavera y la paz
Desde mi ventana cojo carrerilla y me sumerjo en el agua del pantano oscuro
Salgo, entro, subo y bajo, como un globo indeciso que vuela rozando el tiempo
Desde mi ventana veo cables y postes de madera, que fueron caminos, sendas y sudor
Desde mi ventana veo el mundo entero, la niebla, el pecado, el amor, el grito... 
Sí, los gritos se ven desde mi ventana. El sonido se ve desde mi ventana
Desde mi ventana he visto hacer el amor a una golondrina con un pavo, tal era su fuerza
Desde mi ventana yo he visto caer al suelo en el acto, fulminado, al profesor de física, en día de examen.
Escucha: desde mi ventana vi soñar despierto a un guardia de la porra, llorando de alegría al tirar su casco al suelo
A veces miro y miro, de espaldas al suelo frontal y curvado, desde mi ventana
He visto, desde mi ventana, un río indeciso llamar a mi vecina, que guisaba compota en la azotea, bailando rumba de tacón y labios rojos.
Doy una vuelta de tuerca a la nube, y salto de nuevo a la calle, sin prisas ni pausas, desde mi ventana
Hasta mi ventana llega el recitado de un verso de Neruda, la canción triste abandonada, el color de un día de fiesta
Desde mi ventana se ve el mar en días de lluvia, y flotan islas en los cristales
Desde mi ventana veo otras ventanas
Abiertas
Cerradas
Oscuras
Rotas...


El club de los poetas muertos

martes, 24 de mayo de 2011

El reflejo

                 Foto   © Guillermo Asián



Tú, que percibes la elemental estructura
de los deseos de barro
y el latir mudo del corazón de los cristales
la geometría indeleble de las emociones
y la eterna existencia de las dudas
Dime qué plano de tu rostro yo acojo
de luces oblicuas biselado
qué manos y universos atravieso
al modelo de una síntesis efímera
por la senda del recuerdo ya oxidado.
Tú, que usas la arcilla de un dios anestesiado
que construye mundos nuevos con sus ruinas
haz de los temores punto y fuga
arrepentido alud cóncavo  y disperso  
de tu rostro atrapado en el espejo.

Guillermo Asián