martes, 12 de marzo de 2013

sábado, 9 de marzo de 2013

Multicolor Rose...

                                                            
                                                © Guillermo Asián

Todo era de color, o casi. Los años 70 y 80 no pudimos sustraernos a  las influencias de Peter Turner, Cheyco Leidman y otros amantes del "Titanlux". Fácilmente comprobable en la publicidad de la época y en llamativas portadas de los discos de Eumir Deodato, Steely Dan  y de otros muchos.
De vez en cuando la fiesta consistía en meterse en el estudio y captar las fotos más escandalósamente saturadas.  He rescatado una de tantas, en la que Rose posa sin miedo ante la luz negra.

viernes, 8 de marzo de 2013

Busto de Enia... 06-03-2013

                 © Guillermo Asián

La fotografía entra en el museo

Cuando en los años 1970, el proyecto de transformar la estación de Orsay en museo del siglo XIX ve el día. Ningún museo de Bellas Artes en Francia tiene todavía una sección dedicada a la fotografía. Muy pronto, no obstante, se decide que esta invención de mayor relevancia del periodo tendrá su espacio en el futuro museo de Orsay.
Falta sin embargo elegir entre la creación de una colección o, simplemente, la organización de exposiciones temporales, alimentadas por obras procedentes de demás instituciones o de coleccionistas privados. Varios elementos militan en favor de la primera opción. Esta proporciona al museo recursos para contribuir al enriquecimiento del patrimonio francés, le asegura una determinada autonomía en cuanto a las exposiciones en sus salas y, por fin, evita crear una sección “muerta”, por estar privada de colecciones propias.
La decisión de constituir un fondo de fotografía en el museo de Orsay fue pues tomada en 1978. Esta queda por realizar entonces por completo ya que, respecto a esta técnica, al contrario de la pintura o de la escultura, no existen conjuntos ya reunidos a lo largo de los años por el antiguo museo del Luxemburgo o por el Louvre.
Léon Riesener
 (1808-1878)
 Retrato de Eugène Delacroix de frente, en busto
 1842
 Daguerreótipo
 Alt. 6; Anch. 4,3 cm
 París, museo de Orsay
Léon RiesenerEugène Delacroix© ADAGP, Paris - RMN (Musée d'Orsay) / René-Gabriel Ojéda
El programa del museo de Orsay se precisa poco a poco. Ya no se trata de un museo que cubre todo el siglo XIX, sino un periodo más reducido que va de 1848 a 1914. Las fechas de las colecciones de fotografía, sin embargo, no pueden seguir lógicamente estos estrictos límites temporales. Por un lado, el invento de esta técnica fue oficialmente promulgado 19 de agosto de 1839, por el astrónomo y físico Louis-François Arago, durante una sesión en la Academia de Ciencias en París, y por otro lado, 1918 corresponde, de un punto de vista estético, a la emergencia de la fotografía moderna. Fue de hecho tras la guerra que el movimiento pictorialista se debilita verdaderamente y que nace en Alemania la fotografía experimental que va a transformar obviamente los esquemas del siglo XIX.

 

Las ambiciones de la colección

William Henry Fox Talbot
 (1800-1877)
 Árboles reflejándose en el agua, Lacock Abbey
 Hacia 1843
 Revelado en papel salado a partir de un negativo papel, talbotype
 Alt. 16,4; Anch. 19,1 cm.
 París, museo de Orsay
William Henry Fox TalbotÁrboles reflejándose en el agua, Lacock Abbey© Musée d'Orsay, dist. RMN / Patrice Schmidt
Se empieza a crear la colección a partir de 1979, con varias ambiciones. Testimoniar en primer lugar de la evolución formal de este arte, estrechamente influenciado por las transformaciones técnicas. El uso de la práctica fotográfica se modifica profundamente a lo largo del periodo: existen en efecto pocos puntos en común entre las primeras voluminosas cámaras de daguerreótipos, de compleja manipulación y que requieren mucho tiempo de pose, y los pequeños aparatos instantáneos que tienen un considerable e inmediato éxito comercial, tras aparecer en los últimos momentos de los años 1880.
Se trata también, en regla general, de recopilar revelados antiguos y originales, realizados por los fotógrafos a partir de sus negativos, o por los editores, si se trata de una edición. Por fin, esta colección debe respetar el carácter internacional del museo de Orsay y mostrar, en particular, los estrechos vínculos labrados entre la fotografía francesa e inglesa, desde el origen de este medio y luego su difusión, en numerosos países.
(Musée dÓrsay)

miércoles, 6 de marzo de 2013

Y su sombra... 05-03-2013

                      © Guillermo Asián


Neruda y la mujer.
En la obra de Neruda la mujer es una protagonista esencial. Es la fuente y la depositaria de sus pasiones y es la compañera en sus luchas ideológicas. Así lo plasma en el libro Los Versos Del Capitán. Y más adelante, cuando el poeta había entrado en su etapa posmoderna, en el libro La Espada Encendida concibe, en el final de la Historia, la salvación de la especie humana a través de la unión corporal y espiritual del último sobreviviente de la catástrofe terrestre y de la mujer escapada de la ciudad de los Césares. Es decir, dentro y fuera de la Historia, la mujer es una fuerza activa, íntegra, imprescindible.

Volodía Teitelboim, amigo del poeta y uno de sus biógrafos, sostiene: "Al menos entre los poetas contemporáneos en lengua castellana, es el enamorado por antonomasia. Nadie tocó, nadie por escrito se dejó llevar por el amor con tantas ganas, con tanta delicadeza y desvergüenza, con tanta diversidad y obstinación, de principio a fin, de cabeza a pies. El amor le sacudía las entrañas, pasándole siempre su corriente por el alma. Amó a unas cuantas, por no decir muchas. A todas las quiso con una sinceridad que no significa garantía, monopolio ni sinónimo de eternidad. Fue un memorión de sus pasiones. Nutrió con ellas páginas y páginas. A menudo volvió a contarlas, a cantarlas, a revivirlas".

Y continúa Teitelboim: "En esencia, no le interesa la mujer objeto. Le atrae en ella todo lo que es su personalidad completa. La mujer pone la fascinación, el encantamiento. El pondrá lo demás. Sentará en el trono a la plebeya y convertirá a la fea o a la inadvertida en la más hermosa e importante. Hará de la callada la elocuencia sin palabras, porque la palabra mágica la dirá el poeta tocado por la gracia".

En cambio, en los cuentos de Borges la presencia femenina es mínima y desconcertante. Algunos personajes (como la pelirroja del cuento El Muerto Y La Lujanera De Hombre De La Esquina Rosada) son mujeres que carecen de individualidad, dóciles al hombre que se impone en la pelea o da muestras de mayor coraje. Cada una es un objeto transferible, trofeo al que dirige sus derechos quien se impone en una contienda.

Jorge Carrasco

Se busca una mujer... 04-03-2013

              © Guillermo Asián





"Humanidad, eres una enferma hija de puta".
Charles Bukowski, fragmento del poema “Esta” de "Escritos de un viejo indecente".

Se busca una mujer
Bukowski le escribe a La Mujer, no a las mujeres. Si bien sus escritos van dirigidos en repetidas ocasiones a un nombre en específico, me parece que más bien van dirigidos a la ausencia de poder aprehender la esencia de La Mujer. Sus escritos amorosos, y en específico sus poemas, contienen un alto grado de insatisfacción, no tratan historias que llegan a un feliz acuerdo sino de historias que tocan una constante que se traduce en un eterno malentendido entre el amante y el amada. Historias de putas, poetisas, borrachas, adictas, y fanáticas a su obra inundan las hojas que Bukowski dedicara al ser de La Mujer, un ser escurridizo que, demuestra que Lacan tenía razón cuando señalaba que las mujeres están medio locas, no por mostrarse peyorativo o sexista, como muchos quieren hacer creer, sino para explicar que las féminas además de ser subsidiarias del goce fálico procedente del lenguaje, son subsidiarias de otro goce, un goce del que los hombres no tiene idea pero que notan en las incomprensiones que marcan sus relaciones con ellas, o sea, la posición subjetiva de las mujeres es simplemente diferente a la de los hombres, de ahí la imposibilidad de complemento que moviliza el amor que ofrece algo que no se posee.
Existe en la escritura de Bukowski la alusión al anhelo humano, especialmente neurótico, de encontrar la media naranja, de encontrar a la persona ideal que encaje con los bordes de la propia falta. A este respecto Julien menciona: “en el amor hay una pasión de ser el único, la única, en saber cuál es el bien del otro.” Una pasión a la cual se dirige frontalmente Bukowski en su poema chicas tranquilas y limpias con lindos vestidos:
“necesito una buena mujer, necesito una buena mujer/ más de lo que necesito esta máquina de escribir/ más que a mi coche, más que a Mozart/ necesito tanto una buena mujer que/ siento que la huelo en el aire/ que la siento en las yemas de mis dedos/ que veo aceras hechas para que sus pies caminen sobre ellas, /que veo almohadas para su cabeza, / que siento mi sonrisa esperando,/ que veo a un gato como su mascota,/ que la veo dormir,/ que veo sus pantuflas sobre el piso./ sé que existe/ ¿pero en qué lugar de la Tierra estará mientras las putas siguen rondando?”
 La teoría freudo-lacaniana pone en claro que esa “buena mujer” en realidad no existe, que no hay en el mundo complemento para el vacío que representa el deseo, pues éste “esta más allá de la demanda de reconocimiento por otro deseo. Esta más allá del lenguaje, espacio siempre abierto, lugar de terror y fascinación, al mismo tiempo.”  Como lo dijera el mismo Bukowski:
“a la carne que cubre el hueso/ le ponen una mente/ y a veces un alma, / y las mujeres avientan/ floreros contra las paredes/ y los hombres beben/ demasiado/ y ninguno encuentra al/ otro/ pero se mantienen/ observando/ arrastrándose dentro y fuera/ de la cama. / no hay otra salida:/ todos estamos atrapados/ por un singular/ destino./ nadie encuentra/ al otro.”
 ¿Entonces qué queda? Si se reconoce la impotencia del amor como garante de felicidad y se reconoce al deseo como deseo de nada. No queda más que el intento, la re-petición y lo que esto re-presenta para el humano, es decir el envión para apartarse de la esperanza de un amor final y a la vez de adrentarse en un conocimiento sobre lo real que demuele el afán de paz final. Esto es la asunción de la problemática que, mal que bien, hace posible la vida humana, y abre la posibilidad de mal-decir en torno a ella, camino de la sublimación. La historización de la que hablaba líneas atrás, aquí se devela. El amor del que hablo y que ve la luz a través del reconocimiento de la castración es un amor a la vida misma, un amor generoso pues “no hay amor más generoso que el que se sabe al mismo tiempo pasajero y singular.” Un amor que genera, que deja su marca en las generaciones perpetuando así la continuación del desgarramiento humano con su bajeza y grandeza, es, por así decirlo, un amor al defecto.
 Gibrán Larrauri Olguín

 

martes, 5 de marzo de 2013

El barro

                                  © Guillermo Asián


"A veces me da la espalda, como suicida tranquilo que de nadie espera  oídos y entendimiento..."

Bill Evans Trio & Stan Getz - But Beautiful
http://recorta.com/0b5512


sábado, 2 de marzo de 2013

Cecilia y su cuerpo

                 © Guillermo Asián

"Hicimos una parada para comprar licor, hielo y cigarrillos, luego regresamos al apartamento. Su única copa había puesto a Cecilia soltando risas y hablando sin parar. Ahora estaba explicándonos que los animales también tenían alma. Nadie se lo discutió. Era posible, lo sabíamos. De lo que no estábamos tan seguros era de si la teníamos nosotros".
Charles Bukowski