jueves, 25 de abril de 2013

Voy a tener que decir...

                            © Guillermo Asián.   23/04/2013
                             Jim Croce - I'll Have To Say I Love You In A Song
                              http://recorta.com/ea9664

miércoles, 24 de abril de 2013

"Mi Cristo de arena..."

                               ©  Guillermo Asián



Tardes de verano.
Mani se levantó sacudiéndo la arena de su piel, envolvió su cuerpo en un gran pañuelo y siguió el camino hacia el molino mientras encendía un cigarrillo.
-Me pregunto si las aves migratorias paran de vez en cuando y dejan de volar- Miró al cielo buscando algo con atención.
-No creo que pasen semanas sin comer ni beber- Lancé una piedra cerca de la charca y escuché un graznido parecido al de un pato herido.
-Ya. No parece posible que vuelen constantemente. Eso debe cansar a cualquiera, aunque seas un pelícano de veinte kilos- 
Llegamos al molino. El atardecer pintaba de naranja la tierra entera y descubrí, con cierta despreocupación, que no sabíamos nada de aves.

martes, 23 de abril de 2013

"Pregúntale al polvo..."

                             © Guillermo Asián



Cogió el dinero y lo guardó bajo la almohada. Me dio las gracias y su sonrisa se transformó. El escritor quería hablar. ¿Qué tal estaba el trabajo actualmente? ¿Cómo es que a  una chica como ella le gustaba aquella clase de vida? Oh, por favor, cariño, basta ya de hablar, empecemos de una vez. No, no, yo quiero que hablemos, es importante, un nuevo libro, materia prima. Lo hago a menudo. ¿Cómo te metiste en el oficio? Joder, cariño, ¿es que también me vas a preguntar eso? Que el dinero no es problema, ya te lo dije. Pero mi tiempo tiene precio, cariño. Toma otros dos dólares. Ya van cinco, Santo Dios, cinco dólares del ala y aún no he salido de aquí, cuánto te odio, basura inmunda. Aunque eres más pura que yo porque no tienes ninguna inteligencia que vender, sólo la triste envoltura de la carne.

La chica estaba impresionada, dispuesta a cualquier cosa. Habría hecho con ella lo que me hubiera dado la gana, y quiso atraerme hacia sí, pero no, esperemos un rato. Te he dicho que quiero hablar, que el dinero no es problema, toma tres más, ya van ocho, pero no importa. Quédate con los ocho dólares y cómprate algo bonito. De pronto chasqué los dedos como hombre que recuerda algo, algo importante, una cita, un compromiso.

—Eh — dije —, ahora que recuerdo. ¿Qué hora es? Había hundido la barbilla en mi cuello y me lo acariciaba. — No te preocupes por la hora, cariño. Puedes quedarte toda la noche. Un hombre importante, importantísimo, ahora lo recordaba, mi editor, iba a llegar en avión aquella misma noche. En Burbank, iba a aterrizar en Burbank. Tendré que coger un taxi para ir allí, tengo que darme prisa. Adiós, adiós, quédate los ocho pavos, cómprate algo bonito, adiós, adiós, bajando las escaleras a toda velocidad, huyendo, sumergiéndome en la niebla acogedora de la calle, quédate los ocho pavos, oh dulce niebla, te he visto y hacia ti corro, oh aire puro, oh mundo maravilloso, hacia ti voy, adiós, gritando por las escaleras, volveremos a vernos, quédate los ocho dólares y cómprate algo que te guste. Ocho dólares que me hacen llorar sangre, Jesús, acaba conmigo, dame la muerte y envía a casa mi cadáver, dame la muerte, hazme morir como un pagano idiota que no cuenta con sacerdote alguno para absolverle, ni con la extremaunción, ocho dólares, ocho dólares…

John Fante (extracto de "Pregúntale al polvo")

viernes, 19 de abril de 2013

"Silla..."

          © Guillermo Asián

¿Cuál será la diferencia entre tener paciencia para nada y perder el tiempo?
Pablo Neruda
Shirley Horn - "Once I Loved
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jueves, 18 de abril de 2013

Fotograma...

                                     © Guillermo Asián

El rincón...

                                         © Guillermo Asián



 Duerme y floto por los techos, aspirando en los rincones el perfume de un gemido. Ritmo frenético, vaivén de entregas y sudores. Roce de aguas y vientres.

miércoles, 17 de abril de 2013

La cerradura...

                                  © Guillermo Asián

Lola.



Quería escribir y volvíamos a casa.  Ella miró el escaparate y se paró.
-Quiero hacerme un tatuaje- 
Golpeó el suelo suavemente con el tacón derecho y me miró sin dar tregua. La decisión estaba tomada.
Entró en el local empujando la puerta de metal con su mano izquierda y la seguí. Era de reacciones imprevisibles y eso me gustaba.
Observé al tipo tras el mostrador, que sonrío sin saber porqué.
- Quiero tatuarme aquí-  Señaló  su muslo a la altura del pubis y buscó algo en la bolsa de cuero que pendía del hombro.
-Y no quiero cualquier cosa, lo tengo claro-  Concluyó antes de que el tipo pudiera respirar. Sacó un paquete de  Marlboro y encendió un pitillo. Me lié el mío despacio, con tabaco holandés. No hacía calor, a pesar del verano.
-Quiero un corazón marcado con una línea, con una cerradura en el centro. Seguro que puedes hacerlo  ¿No?- No le dejó responder.
-Vamos, veo que no hay nadie y es muy sencillo. Ahora hago un boceto y te entonas-  Le sonrío. Ella sabía cómo hacer que un tipo como aquel perdiera el culo por uno de sus deseos. Movió las piernas un poco, como reteniendo la orina. Habíamos estado bebiendo toda la tarde.
- Seguramente podré hacer lo que pides con relativa facilidad-  Masculló por fin el calvo tatuado hasta los dientes.
Pasamos tras la cortina, y allí estaba aquella habitación repleta de dibujos en las paredes. Había uno muy chulo de Zsa Zsa Gabor, recreando una foto de los años 50. Y una foto enorme de una Harley con motor Panhead.  Recordé entonces la noche que me estrellé en Mérida contra una muralla  de piedra. Desde entonces no llevo la moto si bebo más de una botella de bourbon. Uno se hace prudente con los años.
Las tuberías sonaron y Lola salió del váter con cara de satisfacción. Comenzó a bajarse los pantalones un poco mientras el tipo se ponía los guantes de látex manipulando las agujas con habilidad. Me senté en un sillón de cuero viejo para ver el espectáculo. El lugar me gustaba. No demasiado recargado, no demasiado vacío, no demasiada luz y tampoco poca. Con su lupa iluminada y toda esa coña. En fin…
- Mira, así lo quiero- Le tendió un dibujo a mano que acababa de garabatear. Me levanté para husmear.
-Lo verás esta noche- Sonrío, indicándome con la mano que me sentara.
Se quitó las bragas estirándose en la camilla. El tipo sudaba. Comenzó a delimitar la zona con un rotulador mientras Lola se acariciaba el cabello. Miré sus pies perfectos y me hice un joint.
En la calle comenzaba a llover.