lunes, 27 de mayo de 2013

La hoja...

© Guillermo Asián


La entrada...
























                                          ©   Guillermo Asián

UNA MUJER ESTA SOLA 

Una mujer está sola. Sola con su estatura.
Con los ojos abiertos. Con los brazos abiertos.
Con el corazón abierto como un silencio ancho.
Espera en la desesperada y desesperante noche
sin perder la esperanza.
Piensa que está en el bajel almirante
con la luz más triste de la creación
Ya izó velas y se dejó llevar por el viento del Norte
con la figura acelerada ante los ojos del amor.
Una mujer está sola. Sujetando con sus sueños sus sueños,
los sueños que le restan y todo el cielo de Antillas.
Seria y callada frente al mundo que es una piedra humana,
móvil, a la deriva, perdido el sentido
de la palabra propia, de su palabra inútil.
Una mujer está sola. Piensa que ahora todo es nada
y nadie dice nada de la fiesta o el luto
de la sangre que salta, de la sangre que corre,
de la sangre que gesta o muere en la muerte.
Nadie se adelanta ofreciéndole un traje
para vestir una voz que desnuda solloza deletreándose.
Una mujer está sola. Siente, y su verdad se ahoga
en pensamientos que traducen lo hermoso de la rosa,
de la estrella, del amor, del hombre y de Dios.

Aída Cartagena Portalatín

lunes, 20 de mayo de 2013

"El descanso..."

                                   © Guillermo Asián


Aquí empieza el descanso.
En mi conciencia y en el almanaque
junto a mi nombre y cargo en la planilla
aquí empieza el descanso.
Dos semanas.
Debo apurarme porque hay tantas cosas
recuperar el mar
eso primero
recuperar el mar desde una altura
y hallar toda la vida en cuatro olas
gigantescas y tristes como sueños
mirar el cielo estéril
y encontrarlo cambiado
hallar que el horizonte
se acercó veinte metros
que el césped hace un año era más verde
y aguardar con paciencia
escuchando los grillos
el apagón tranquilo de la luna.
Me desperezo
grito
poca cosa
qué poca cosa soy sobre la arena
la mañana se fue
se va la tarde
la caída del sol me desanima
sin embargo respiro
sin embargo
qué apretujón de ocio a plazo fijo.
Pero nadie se asusta
nadie quiere
pensar que se ha nacido para esto
pensar que alcanza y sobra
con los pinos
y la mujer
y el libro
y el crepúsculo.
Una noche cualquiera acaba todo
una mañana exacta
seis y cuarto
suena el despertador como sonaba
en el resto del año
un alarido.
Aquí empieza el trabajo.
En mi cabeza y en el almanaque
junto a mi nombre y cargo en la planilla.
Aquí empieza el trabajo.
Mansamente.
Son
cincuenta semanas.

Mario Benedetti

miércoles, 8 de mayo de 2013

Tres burbujas


                                   © Guillermo Asián. 08/05/2013


Lacio y rizado de nuevo
pendiente de un  hilo de calor
escucho cigarras 
desde el agua embadurnado

Emerjo dos veces
y eres caracol y sirena
de tres burbujas 

La una menos cuarto
y otra vez el sol
como el tonto que ríe.


martes, 7 de mayo de 2013

Tiempo

                                                   © Guillermo Asián  06/05/2013

Hubo una vez
En que fuimos jóvenes
Dentro de esta máquina
Bebíamos
Fumábamos
Tecleábamos

Fue un tiempo de
Esplendor
Un milagro

Aún lo es

Solo que ahora
En vez de
Ir hacia el tiempo
Es el tiempo
El que viene hacia nosotros
Y hace que cada palabra
Taladre
El papel

Charles Bukowski

jueves, 25 de abril de 2013

Voy a tener que decir...

                            © Guillermo Asián.   23/04/2013
                             Jim Croce - I'll Have To Say I Love You In A Song
                              http://recorta.com/ea9664

miércoles, 24 de abril de 2013

"Mi Cristo de arena..."

                               ©  Guillermo Asián



Tardes de verano.
Mani se levantó sacudiéndo la arena de su piel, envolvió su cuerpo en un gran pañuelo y siguió el camino hacia el molino mientras encendía un cigarrillo.
-Me pregunto si las aves migratorias paran de vez en cuando y dejan de volar- Miró al cielo buscando algo con atención.
-No creo que pasen semanas sin comer ni beber- Lancé una piedra cerca de la charca y escuché un graznido parecido al de un pato herido.
-Ya. No parece posible que vuelen constantemente. Eso debe cansar a cualquiera, aunque seas un pelícano de veinte kilos- 
Llegamos al molino. El atardecer pintaba de naranja la tierra entera y descubrí, con cierta despreocupación, que no sabíamos nada de aves.